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ARQUEOLOGÍA FERROVIARIA

Un recorrido por el Ferrocarril de La Puebla de Híjar a Tortosa

 Texto y Fotografía: C. Torres

 

HISTORIA DEL FERROCARRIL

Sus orígenes datan de 1863 cuando se proyecta un ferrocarril que uniera La Puebla de Híjar con el puerto de San Carlos de la Rápita en Tarragona. Surge como ferrocarril estratégico ante una hipotética invasión pirenaica en la que el curso del río Ebro actuaría de barrera natural. De esta forma, un ferrocarril al sur del cauce desempeñaría una importante función de abastecimiento ante un eventual frente bélico en la zona. En 1891, la Compañía del Ferrocarril del Val de Zafán inició las obras comenzando la explotación del tramo entre La Puebla de Híjar y Alcañiz, en 1895. La prolongación hasta Tortosa tuvo que esperar hasta 1942, siendo la Guerra Civil la detonante de su realización, jugando un importante papel logístico en la contienda durante la cruenta batalla del Ebro. En el entorno del ferrocarril y durante cuatro meses se sucedieron continuos ataques hasta que las fuerzas republicanas fueron rechazadas a la otra orilla del Ebro. Cerca de 100.000 personas dejaron su vida en uno de los más estúpidos episodios de nuestra historia.

El ferrocarril tuvo una exigua vida de apenas 31 años. El 19 de septiembre de 1973, el hundimiento de un túnel entre las estaciones de Prat de Compte y Pinell de Bray sirvió como detonante para el cierre del ferrocarril sin que llegara a concluirse el último tramo entre Tortosa y San Carlos de la Rápita, en el cual solo se realizó la explanación de la traza.

DESCRIPCIÓN DE LA LÍNEA

El trazado tiene una longitud total de 130 Km. Nuestro punto de partida será la estación de Alcaniz, punto kilométrico 32 de la línea pero que será nuestro Km 0 de la ruta.

Los núcleos poblados quedan a varios kilómetros de la línea, a excepción de Bot, con lo que será necesario proveerse de suficientes suministros. Para el agua puede recurrirse al pilón del túnel de Valdealgorfa (km 15), el pueblo de Bot (Km 61), y más adelante desviándose al Santuario de la Fontcalda (km 67). Para el paso de los túneles es necesario el uso de linternas.

El trayecto puede dividirse en cuatro tramos, en función de las características de la calzada.

  • Desde La Puebla de Híjar hasta Valdetormo (57 Km), la traza es un camino rural en el que pueden encontrarse vehículos, sobre todo tractores y maquinaria agrícola, así como cruces con otras vías de comunicación por lo que habrá de prestar atención para evitar cualquier tipo de incidente. Siete túneles en total. No hay que perderse el de Valdealgorfa de 2136 metros ni las edificaciones neomudéjares de su estación y las de Valjunquera.  

  • Desde Valdetormo hasta Arnes-Lledó (23 Km), la traza es impracticable debido a la capa de balasto que todavía permanece tras el desmantelamiento del ferrocarril. Sin embargo es posible realizar el trazado buscando alternativas como caminos, lindes de los campos adyacentes o los laterales de la propia vía. Lo más destacable de este tramo es el espectacular viaducto sobre el río Matarraña a la entrada a la estación de Torre del Compte, a tan solo 5 Km de Valdetormo. Vale la pena hacer este esfuerzo.  

  • Desde Arnes-Lledó hasta Pinell de Bray (23 Km), el trazado está perfectamente acondicionado como vía verde, con una capa de asfalto, señalización kilométrica, pivotes para evitar el paso de vehículos, áreas de descanso e iluminación en túneles. Es sin duda, la parte más espectacular y bella de toda la línea. Constituye la Vía Verde de la Terra Alta.  

  • Desde Pinell de Bray hasta Tortosa (27 Km), en el momento de realizar esta aventura estaba acondicionándose como vía verde.

EL VIAJE

Nuestra aventura comienza en la estación de Toledo, el jueves 30 de mayo de 2002 aprovechando el puente del día de Castilla-La Mancha. Han venido a despedirnos por todo lo alto, como si de una gran aventura se tratara;  familiares, amigos y algunos miembros de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Toledo se dan cita en la estación.

El trayecto hasta Madrid nos es de sobra conocido; podríamos hacerlo casi con los ojos cerrados. En el tren repasamos el plan de ruta; hay varios puntos que después de consultar diversa documentación no tenemos claros y es conveniente tener pensadas las posibles alternativas si se presenta un imprevisto. Una vez en Madrid-Chamartín nos acomodamos en nuestro departamento, en el tren estrella 370 “Costa Brava” esperando ansiosamente su salida a las 22:00 horas. Tras pasar Sigüenza nos acercamos al coche bar, contiguo al nuestro. En el bar hay una gran animación. Me recuerda a la de los antiguos expresos; gente noctámbula, con conversación, para la que el tiempo no cuenta. La mayoría son turistas estadounidenses que se dirigen a Barcelona. La noche, aunque corta, promete. El ambiente sube cuando suena una guitarra.

El primer problema que tenemos que afrontar es encontrar un medio de desplazamiento hasta Alcañiz. Desde Zaragoza, la empresa de autobuses ABASA cubre la línea. Sin embargo dado que el primer servicio sale a las 8 de la mañana, supondría perder demasiada mañana con esta elección. En caso de no encontrar ninguno deberemos empezar la ruta desde La Puebla de Híjar.

En el tren este tipo de problemas no importan. No hablamos de ello. Tan solo nos sumamos a la fiesta que, sin embargo, no dura mucho. A las dos el bar cierra y poco después el interventor da un aviso ante la algarabía que se ha montado. Tenemos el tiempo justo para despedirnos de nuestras nuevas amistades.

El tren llega a la estación de La Puebla de Híjar a las 2:37. Tras apearnos, preguntamos al factor de circulación. Nos informa que hay una persona que realiza servicios de taxi y a las 2:50 de la mañana, le avisa por teléfono. A los 20 minutos se presenta. Estamos de suerte, el taxi es un Opel Zafira, suficiente para transportar a las cinco personas que componemos el grupo.

Tras atravesar Alcañiz, nos deja en la estación, situada en las afueras, en la carretera a Valmuel. La oscuridad es casi absoluta. Tan solo las luces del taxi y el minúsculo cuarto menguante lunar nos permiten adivinar a duras penas el estado ruinoso de la estación. Como contrapartida podemos disfrutar de un magnífico cielo estrellado limpio de nubes. Con las linternas accedemos al andén donde acondicionamos nuestro dormitorio.

 

PRIMER TRAMO: POR LAS TIERRAS DE LA OLVIDADA TERUEL

Con los primeros rayos del Sol nos levantamos para iniciar la ruta. Nos espera un largo camino y tenemos que aprovechar todas las horas de luz. Tras el desayuno, efectuamos un reconocimiento de las instalaciones. De la importancia que tuvo como estación término del primer tramo del ferrocarril que entró en servicio, solo queda la magnitud de sus edificios: cocherones, taller, residencias de trabajadores, muelles ..., todo ello en un avanzado estado de ruina.

Nuestro objetivo es ambicioso; concluir el día en Arnes-Lledó (48 Kms) y proseguir al día siguiente hasta Pinell de Bray (23,7 Kms).

A las 7:15 comenzamos el recorrido. La vía contornea el pueblo de Alcañiz en una magnífica estampa. En el Km 2 se encuentra el apeadero de Alcañiz, que daba servicio a los barrios del norte, convertido hoy en una escuela infantil. A un centenar de metros se encuentra el cruce de la N-211, divisándose al otro lado el primer túnel de la línea de 120 metros, en curva. La traza se utiliza como camino rural, es suficientemente ancha y en buen estado. El trazado es subida hasta Valjunquera que constituye el punto más alto de toda la línea, con una pendiente media del 1,9 %, a partir del cual, inicia el descenso que en un futuro conducirá hasta Tortosa.

A la salida del túnel, la traza discurre por la vega del río Guadalope que cruza en un viaducto de tres arcos de hormigón, y tras una curva a la derecha aparece el segundo túnel de 100 metros de longitud. A partir de aquí la línea se separa del río y tras cruzar un tercer túnel de 300 metros, gira 90º para seguir el curso del río Redolmos que cruza por un pontón.

El horario madrugador de la gente del campo convierte la traza en una fugaz carretera de denso tráfico; tractores, 4x4, coches, bicicletas, motos; todo vale para llegar hasta las fincas donde cultivarán todos esos productos que consumimos en nuestras “confortables” ciudades.

En el Km 9 se encuentra el cruce que conduce hacia el yacimiento de pinturas rupestres de Agua Amarga distante unos 10 km. Tras atravesar una trinchera, aparece el cuarto túnel de 90 metros. El Sol empieza a notarse y aprovechamos para realizar una breve parada y desprendernos de algunas prendas de vestir. Observamos el perfecto acabado de la bóveda del túnel, recubierto con sillares de piedra y que será una constante en prácticamente la totalidad de los que componen la línea (más de treinta).

Reanudada la marcha, la vía describe una serie de curvas entre lomas, a la salida de las cuales se divisa, al fondo, el pueblo de Valdealgorfa, donde destaca la torre de la iglesia. La estación se encuentra en el kilómetro 14 y se caracteriza por su estilo mudéjar, recreando la arquitectura típica de Teruel. Tras efectuar una parada para contemplar las instalaciones que aunque abandonadas, presentan un aceptable estado de conservación proseguimos el “paseo” para afrontar la obra de fábrica más impresionante de todo el ferrocarril; el túnel de Valdealgorfa.

Un poco antes de la entrada, nos cruzamos con un vecino del pueblo que venía de efectuar su paseo matutino. Se cuenta que un día al año los rayos del sol atraviesan de lado a lado el túnel. Para satisfacer nuestra curiosidad, le preguntamos acerca de este hecho. Tras afirmar su veracidad no nos supo dar la fecha exacta en la cual acontece, remitiéndonos al propietario de la huerta colindante.

El túnel es una galería en línea recta de 2136 metros que cala una loma, no demasiado alta y cuya salida se divisa como un minúsculo punto de luz. Como todos los túneles de la ruta sorprende por la calidad del acabado de las bóvedas, presentando amplios nichos para refugio al paso de los trenes. Aproximadamente a la mitad, en uno del lado izquierdo se encuentra un pilón que recoge las aguas de las infiltraciones. Es agua potable pero contiene gran cantidad de cal como demuestran las enormes costras de material calizo incrustadas en sus paredes.

Con la referencia de la claridad de la boca de salida, la marcha a través del túnel parece interminable. Justo a la salida, se encuentra uno de los pocos elementos que recuerdan que antaño circularon trenes por estas tierras; un cartel de anuncio de la señal de avanzada de la estación.

A partir de aquí, la vía discurre por una sucesión de trincheras entre pinares, en donde aparecen numerosos pasos elevados de caminos que salvan los siempre peligrosos pasos a nivel, hasta llegar a la estación de Valjunquera distante del pueblo 3 Km. La estación es del mismo estilo neomudejar que la de Valdealgorfa y constituye el techo de la línea.

A medida que nos acercamos a la estación de Valdetormo el relieve se hace más agreste, más bello y más espectacular. Las trincheras ganan en altura y la vía serpentea amoldándose al terreno, en busca del mejor trazado. A la salida de una profunda trinchera, donde son evidentes los desprendimientos de los taludes, se llega a la sexta galería, muy corta (60 metros) por encima de la cual discurre la N-420.

Tras uno de los serpenteos de la vía aparece un nuevo túnel  de 113 m, que da acceso a un terraplén en curva, en cuya salida se divisa la explanación de la estación de Valdetormo (Km 25) con el edificio del muelle en primer término y que marca el final del primer tramo. A partir de aquí el desmantelamiento del ferrocarril se llevó los raíles pero dejó el balasto lo que hace necesario, para los más audaces ir provistos de buenas botas.

El edificio es de una arquitectura distinta a las anteriores, más funcional y de una sola planta y en un avanzado estado de ruina. La vegetación lo ha inundado todo, andenes, traza, playa de vías. Desde ella hay una magnífica vista de todo el valle con el pueblo en el fondo.

El reloj marca las 12:30. Hemos cubierto el primer tramo en poco más de 5 horas, lo que equivale a una media de 5 Km/h. Aunque la media es alta, y estamos algo fatigados, hemos disfrutado del paisaje y hemos podido plasmar en fotos y en video todos los detalles.

Decidimos comer acomodándonos en el muelle. Aparte de reponer fuerzas nos permitirá aliviar el peso de las mochilas. Los hermanos Germán y José Carlos, comienzan a discutir sobre el menú; ambos se han repartido la comida en las mochilas y cada uno quiere que se consuma la que porta en su respectiva mochila. Mientras tanto, Oscar se calienta su fabada y Jesús y yo damos buena cuenta de sendas tortillas.

Después de recogidos los desperdicios y de una reparadora siesta de una hora, llega el momento de proseguir nuestro camino. Nos incorporamos con algo de pereza, pues conocemos el tramo que nos espera; una alfombra de pétreo balasto.

 

SEGUNDO TRAMO: COMIENZA LA ODISEA

A la salida de la estación, la vía se introduce en una prolongada trinchera. Apenas llevamos 15 minutos de marcha cuando José Carlos empieza a resentirse de un antiguo esguince. Una larga caminata con peso a la espalda, junto al continuo machaqueo de tobillos consecuencia de un suelo muy irregular es un cóctel que puede acabar con cualquiera.

Tras pararnos un momento para realizarle un vendaje compresivo, decidimos continuar por la parte alta, siguiendo unos cultivos. La trinchera va ganando en altura hasta desembocar en un nuevo túnel en curva de 300 metros que salva una loma de pinares. Es preferible atravesarlo que continuar por el pinar sin una referencia del trazado.

Después de un largo trayecto con continuas paradas y tras cruzar otro túnel, divisamos el amplio valle del río Matarraña, señal de que estamos muy cerca de Torre del Compte. Realizado un último esfuerzo, llegamos al impresionante viaducto de hormigón; cuatro grandes arcos centrales mas otros dos vanos en cada extremo para una longitud total de 150 metros, que da acceso a la estación de Torre del Compte (Km 30), recuperada como hotel con unas magníficas vistas al valle del río.

Son las 16:30; hemos recorrido tan solo 5 Km de los 23 previstos y consumido casi dos horas. Los cálculos son fáciles; a esta marcha es imposible llegar hasta Arnes-Lledó a la caída de la noche y dado el estado de José Carlos, decidimos neutralizar este trayecto y encontrar un medio de transporte que nos sitúe en algún punto cercano al tercer tramo de la línea.

En el pequeño pueblo, distante de la estación unos 3 km, nos comunican que el próximo autobús no sale hasta el día siguiente (sábado) pero nos facilitan el teléfono de varias personas que realizan servicios de taxi. Las gestiones no fructifican después de exprimir los teléfonos móviles y tras varias pesquisas damos en un bar en construcción, con un trabajador que reside en Horta de San Juan, el cual accede amablemente a llevarnos una vez acabada su jornada. De nuevo la suerte juega de nuestra parte. No solo nos traslada sino que nos encuentra alojamiento en el albergue de Horta de San Juan.

Tras despedirnos de él y darle encarecidamente las gracias, nos acomodamos en el albergue que cuenta con una espléndida panorámica del entorno. El día ha sido intenso pero todavía tenemos ánimos para subir al casco urbano encumbrado en un cerro y callejear por sus pintorescas calles hasta llegar a la coqueta plaza porticada del Ayuntamiento con cada columna de un estilo y forma diferentes. Nos cuentan que Pablo Picasso pasó varias temporadas en esta localidad inspirándose en sus paisajes para realizar alguna de sus obras. Ahora la localidad alberga un centro que recuerda el paso del genial pintor.  

 

TERCER TRAMO: LA VÍA VERDE DE LA TERRA ALTA

A la mañana siguiente nos levantamos a las 6:15. A las 7:00 sale el autobús que conducirá a José Carlos hasta Tortosa, el cual se encargará de buscarnos alojamiento para cuando lleguemos nosotros, después de completar la Vía Verde.

Tras despedirnos y desayunar, tomamos la carretera que desciende hasta la Vía Verde. En el trayecto podemos contemplar la imponente masa rocosa del Cerro de la Ermita o de Santa Bárbara que acoge a sus pies la Ermita de Sant Pau y el Convento del Salvador, fundado por la Orden del Temple a principios del siglo XIII y también conocido como Santa María de los Ángeles.

La carretera nos deja justo en la entrada de la estación de Horta de San Juan (Km 5 de la Vía Verde y 85 del ferrocarril), junto a la caseta del guardabarreras. La Vía Verde describe en la entrada una amplia curva, después de contornear el cerro donde se encarama Horta de San Juan, procedente de Arnes-Lledó, punto inicial de la Vía Verde de la Terra Alta.

A la salida de la estación nos encontramos con el primer túnel (el segundo desde Arnes-Lledó). Será necesario atravesar 21 más para llegar a Pinell de Bray. Como Vía Verde, cuenta con un firme de asfalto, barandillas para evitar caídas en los puentes, terraplenes y puntos conflictivos, pivotes para impedir el paso de vehículos a motor, áreas de descanso estratégicamente distribuidas, así como señales de orientación y puntos kilométricos. Los túneles cuentan con iluminación por paneles fotovoltaicos que se activan por sensores que detectan el paso bajo el umbral. Sin embargo, siempre existen depredadores y desaprensivos que destrozan las instalaciones llevándose los bancos, los paneles e incluso toda la instalación eléctrica. ¿Para el chalet o por simple vandalismo? El caso es que en este primer túnel tuvimos que echar mano de las guardadas linternas, hecho que volvería a repetirse en varios túneles más, situados cerca de poblaciones o de caminos cercanos.

A partir de aquí nos guiaremos con el kilometraje que aparece a lo largo de la Vía Verde. Tras atravesar el segundo túnel en curva de 300 metros, la vía gira en descenso entre pinares en busca del río Canaletas y cuyo curso no abandonará hasta el final. Al fondo, en la lejanía, se levanta la Muela d’en Canar, en la que destaca el peñón calcáreo de la Agulla, en las cercanías de Bot y que será visible durante bastantes kilómetros. Prosiguiendo el descenso, se llega a los siguientes dos túneles, uno a continuación del otro (Km 7) siendo necesario atravesar otro más para llegar al viaducto en curva que salva el Barranc del Molí del Cap (Km 8,5). Destaca por su original diseño que se asemeja a un acueducto romano. Una sucesión de altas y angostas arcadas de mampostería cierra el barranco, creando dos niveles de arcos. En las inmediaciones se encuentra una edificación que probablemente albergara la residencia de los trabajadores de la línea.

Nuestro descenso entre pinares se aproxima al kilómetro 10 al que llegamos después de atravesar el tercer túnel más largo de toda la línea con 600 metros (el séptimo de la Vía Verde) hasta llegar al viaducto del Barranc de la Belloca, gemelo del anterior. A la salida, un nuevo túnel en suave doble curva nos sitúa en el kilómetro 11.

La presencia de una prolongada trinchera nos impide contemplar el vistoso paisaje. Hasta ahora hemos estado muy ocupados efectuando anotaciones, filmando, sacando fotos, absorbidos por el entorno y aprovechamos para mantener una larga charla cambiando impresiones. Sin duda, ha merecido la pena hacer todos los esfuerzos por llegar aquí. Sólo echamos en falta no haber podido efectuar el trayecto en ferrocarril.

Sin darnos cuenta, nos plantamos en el kilómetro 13, tras un corto túnel, en donde se divisa la Ermita de Sant Josep situada al pie de la Agulla y que anuncia la cercanía de la estación, en curva, de Bot (Km 13,5).

Bot, es el núcleo poblado más cercano de toda la línea ya que se encuentra al lado de la estación. Aprovechamos la ocasión para comprar pan y abastecernos de agua ya que el siguiente punto de abastecimiento más cercano está en la Fontcalda, a casi 6 Kilómetros. Junto a la estación, en una mesa bajo una frondosa morera almorzamos.

Dejando atrás la estación de Bot, la traza se divisa frente a nosotros, al otro lado del valle del río Gandesa. Tras un giro a la izquierda rodeando el pueblo, acometemos una impresionante curva de herradura con un túnel intermedio de 150 metros (Km 15), por la ladera sur de la Sierra Puig Cavallé, que tras cruzar el río, desemboca en un nuevo túnel que da acceso a una larga y fenomenal trinchera en curva que se abre a los pies de la Ermita de Sant Josep (Km 16).

Un nuevo túnel de 300 metros precede a un viaducto sobre el río Canaletas en una espectacular y estrecha garganta tallada a través de las moles calcáreas de la sierra y cuyo curso seguiremos hasta el final.

A un centenar de metros, a la izquierda se encuentra un pino en el que se ha incrustado el disco de la señal de avanzada de la estación de Prat de Compte, que parece trepar por él, en un intento por recuperar la altiva posición que ocupó durante la explotación del ferrocarril.

La vía abandona momentáneamente el valle del río para perforar la sierra por un túnel (Km 17) que a diferencia del resto carece del encofrado característico. A la salida del siguiente túnel, el segundo más largo con 739 metros (Km 18), se encuentra la estación de Prat de Compte en una vaguada, entre dos túneles.

Tras la estación, dos cortas galerías nos devuelven al valle del río y dan paso a la primera discontinuidad del trazado; el puente del ferrocarril ha sido desmantelado para ampliar el paso inferior de la carretera que conduce al Santuario de la Fontcalda, situado en la otra orilla del río, que con sus aguas termales y medicinales constituyen un atractivo más de la ruta.

En esta zona el río Canaletas (km 19) se encaja en un estrecho tajo, con relieves muy agrestes poniendo a prueba a los ingenieros del trazado ferroviario, que solventaron las dificultades construyendo un grandioso viaducto semicolgado de la pared rocosa que salva el arroyo de la Fontcalda.

Este tramo, hasta Pinell de Bray, forma parte de una ruta de senderismo de la Comarca de la Terra Alta: la PR C 98. Desde el comienzo de este tercer tramo de la línea tan solo nos hemos cruzado con varios ciclistas, pero a partir de este punto hasta el final el paso de cicloturistas es constante, familias enteras aprovechan la espléndida mañana de sábado para recorrer estos espectaculares parajes. Somos los únicos que lo hacemos a pie e incluso alguno se extraña al vernos cargados con las mochilas y sacos de dormir. Y se sorprenden todavía más cuando les decimos que iniciamos la aventura en Alcañiz.

El trazado vuelve a separarse del río para, después de un giro a la izquierda, adentrarse en el fatídico túnel cuyo hundimiento el 19 de septiembre de 1973 provocó el cierre definitivo y posterior desmantelamiento del ferrocarril que ya estaba abocado a su clausura. Equipados con las linternas, nos adentramos en el túnel para observar el desprendimiento. Este se encuentra a unos 100 metros y ciega por completo el túnel.

Esta segunda discontinuidad se salva por una pista entre pinares que sale a la izquierda del  túnel (km 20) y que enlaza de nuevo con la Vía Verde en la boca de salida. A pocos metros se encuentra un corto túnel, parte de cuya bóveda se ha desprendido, aunque puede atravesarse sin ninguna dificultad ya todo el material ha sido retirado de la traza.

Pasado el Km 21 la vía atraviesa un frondoso pinar cuya sombra agradecemos. Son las 12:15 y el Sol en este cálido y soleado día empieza a ser algo molesto. El valle empieza a cerrarse de nuevo cuando divisamos el km 22. Estamos llegando al final pero en lugar de acelerar el paso para concluir cuanto antes, disminuimos el ritmo; el trazado discurre por un paraje de singular belleza y queremos captar todos los detalles. El terraplén da paso a una nueva galería a la salida de la cual cruzamos la garganta del Canaletas por un viaducto para, a continuación, atravesar el penúltimo túnel, una galería de más de 300 metros en curva en cuya salida se sitúa el km 23. Al fondo ya se divisa el corto túnel que da acceso a la estación de Pinell de Bray (km 23,7 de la Vía Verde y 103 del ferrocarril), situada entre montañas cubiertas de una repoblación de pinos y que de mala gana afrontamos. A la derecha es visible una antigua fábrica de ladrillos.

En la estación se encuentran gran cantidad de vehículos y de personas que se han desplazado desde distintos puntos más o menos cercanos para practicar el cicloturismo. Son las 13:05. Tras ocupar unos bancos a la sombra de unos árboles, comemos.

A pesar de varios contratiempos, hemos cubierto el plan previsto. Estar el sábado en esta estación, a la hora de comer. Alguno tiene más ganas de marcha, continuar hasta Tortosa. Comienza a preguntar a varias personas acerca del estado de la vía. Nos indican que es posible continuar durante algunos kilómetros más pero del resto no tiene información. Dado que serían otros 26 kilómetros hasta Tortosa y que el domingo hay que estar de vuelta en Toledo para el lunes continuar con la rutina, optamos por finalizar aquí nuestro recorrido por este antiguo y maravilloso trazado ferroviario satisfechos de lo que hemos realizado. Quizá en un futuro volvamos para recorrer íntegramente la línea cuando esté acondicionada como vía verde. No nos importaría repetir.

Solo nos queda desplazarnos hasta el pueblo que dista 6 kilómetros de la estación por una carretera de montaña que se nos antoja bastante pronunciada, para tomar el autobús que nos trasladará hasta Tortosa, donde nos espera José Carlos.

Después de reponer las fuerzas, comenzamos la ascensión del puerto. Sin duda, las horas de la sobremesa son las menos indicadas para caminar por el asfalto, con rampas bastante exigentes, sin apenas sombras y el sudor empieza a chorrear por nuestros cuerpos. Cobijados bajo la pequeña sombra de un arbusto para beber un poco, aparece un vehículo que para pocos metros más adelante. Se trata de un padre con su hija con el que habíamos entablado conversación en la estación y que se digna a llevarnos hasta el pueblo. Definitivamente este ha sido nuestro fin de semana de suerte, repetimos todos. Quizá no sea cuestión de suerte, simplemente se trate de la solidaridad y generosidad de la gente.

A las 18:00 cogemos el autobús. Desde la carretera es posible seguir el trazado del ferrocarril en su mayor parte, en el que son visibles las obras de acondicionamiento que se están efectuando para la prolongación de la Vía Verde. En la estación de autobuses de Tortosa nos espera José Carlos el cual se ha ocupado del apoyo logístico.

Sólo nos queda aprovechar las escasas horas que vamos a pasar en Tortosa antes de iniciar el camino de vuelta hacia Toledo. A primera hora del domingo abandonamos la ciudad rumbo a la playa de Valencia, para tomar por la tarde el Alaris a Madrid. Fue emocionante realizar todo el viaje de vuelta en cabina, escuchando atentamente las explicaciones y las anécdotas que nos relataba el maquinista. Pero ésta es otra historia que merece una atención aparte.

 
FOTOGRAFÍA
 Para leyenda, mantener el cursor sobre la fotografía.

Primer túnel, de 120 m  en curva, dando paso a una profunda trinchera, tras cruzar la carretera. (A.A.F.T.)

  Una sucesión de largas rectas se abren tras atravesar el río Redolmos. (A.A.F.T.)  

Túnel nº 3, de 300 m, antes de cruzar el pontón sobre el río Redolmos. (A.A.F.T.)

 

 

Boca de salida del túnel de Valdealgorfa (2136 m). A la derecha se aprecia el segundo cartel de anuncio de la señal de avanzada de la estación. (A.A.F.T.)

Túnel nº 1 a la salida de Alcañiz   Larga recta junto al río Redolmos 

Túnel nº 3

Estación mudéjar de Valdealgorfa  

Túnel de Valdealgorfa

                 

Trinchera y paso superior en las cercanías de Valjunquera. (A.A.F.T.)

    Espléndida trinchera camino a Valdetormo. (A.A.F.T.)   Estación de Valdetormo vista desde los andenes, lado Torre del Compte. Detrás se encuentra el mirador del valle. (A.A.F.T.)  

Túnel a medio camino entre Valdetormo y Torre del Compte. (A.A.F.T.)

Trinchera y paso superior   Estación mudéjar de Valjunquera

Espléndida trinchera

Estación de Valdetormo   Túnel camino de
Torre del Compte
                 
Viaducto de 150 m sobre el río Matarraña donde se aprecia el tejado de la estación de Torre del Compte reconvertida en casa rural. (A.A.F.T.)   Viaducto sobre el río Matarraña desde Torre del Compte. A la derecha, con los tejados rojos, los edificios de la estación. Al fondo, en la ladera, se aprecia el trazado que describía el Ferrocarril y la curva de acceso al viaducto. (A.A.F.T.)   Sucesión de túneles en el Km 7 de la Vía Verde. (A.A.F.T.)   Cerro de la Ermita o de Santa Bárbara que acoge a sus pies la Ermita de Sant Pau y el Convento del Salvador, fundado por la Orden del Temple a principios del siglo XIII y también conocido como Santa María de los Ángeles. El Ferrocarril avanza por el valle del fondo. (A.A.F.T.)   Estación de Horta de San Juan. La Vía Verde de la Terra Alta comienza en Arnes-Lledó, a 5 Km. (A.A.F.T.)
Viaducto sobre el
río Matarraña
  Viaducto sobre el
río Matarraña

Sucesión de túneles

Cerro de la Ermita desde Horta   Estación de Horta
de San Juan
                 
Viaducto en curva del Barranc de la Belloca (Km 11) con su original diseño que recuerda a un acueducto romano. Una sucesión de altas y angostas arcadas de mampostería con dos niveles de arcos. (A.A.F.T.)   Vista del viaducto del Barranc de la Belloca desde la traza (A.A.F.T.)   Viaducto sobre la garganta del Canaletas. (A.A.F.T.)   Estación de Bot. A la derecha se divisa la Ermita de Sant Josep y al fondo la impresionante mole de la Agulla. (A.A.F.T.)   Vista de la estación de Bot desde los andenes. (A.A.F.T.)
Viaducto del Barranc de la Belloca   Viaducto del Barranc de la Belloca

Viaducto sobre el Canaletas

Estación de Bot   Estación de Bot
                 
Estación de Prat de Compte situada en una vaguada entre dos túneles. Al fondo se ve la boca del segundo más largo del Ferrocarril (739 m). (A.A.F.T.)   Boca de entrada al túnel que provocó el cierre del Ferrocarril. A la izquierda, la senda que lo bordea. (A.A.F.T.)   Viaducto de la Fontcalda con el tajo del Canaletas a la derecha. (A.A.F.T.)    
Estación de
Prat de Compte
  Boca de entrada al túnel derrumbado

Viaducto de la Fontcalda

Estación de
Pinell de Bray
   
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